Yo, la espartana: de Super a Beast

El propio 11 de octubre de 2015 empezó mi segundo gran reto. Con el subidón después de haber superado mi gran reto, haber terminado mi primera Spartan Race. No podría tener mejor celebración para mis 33 años que superar una Spartan Race. Una Spartan Race Super. Mi primera carrera de obstáculos. mis primeros 15 kilómetros superados.

Mi primer gran reto había empezado aproximadamente por el mes de abril de 2015 cuando uno de mis amigos me había propuesto hacer una Spartan Race. Habíamos empezado a entrenar juntos, correr, horas de gimnasio… la verdad es que todo iba genial, hasta que llego el momento de enfrentarme a la Super. Entre mi amigo, mi hermano y un compañero gallego consiguieron demostrarme que realmente sí existe el espíritu espartano. Lo que una siente al finalizar una Spartan Race sólo se puede sentir cuando se consigue. No hay nada parecido ni que se parezca. Ni el placer ni el éxtasis que puede provocar el saborear un trozo de chocolate suizo.

Pero bueno, vamos a lo que realmente me interesa contaros. Como decía, finalizada la Spartan Super, asimilado que sí lo había conseguido, entre mi amigo y mi hermano ya empezaban a surgir varios retos nuevos. Como habíamos conseguido superar la Super, pues para el año tocaría superar la Spartan Beast.

En ese momento parecía que la Spartan Beast sería fácil de superar. Las ganas de volver a entrenar estaban por todo lo alto, porque un nuevo objetivo, una nueva meta se podía ver a lo lejos. Al día siguiente, más bien durante la semana siguiente, iban apareciendo las heridas de guerra, moratones y las agujetas por todo mi cuerpo.

Fueron pasando los días y seguíamos entrenando, pasaron las navidades, los meses iban pasando y mis distancias corriendo iban aumentando y el tiempo en que lo recorría iba disminuyendo. Varias carreras con obstáculos fueran superadas. Otras sin obstáculos también, pero faltaba superar mi objetivo.

Pasado el verano y superada una anemia muy importante y diferentes problemas en mi rodilla derecha, notaba con nerviosismo como se acercaba el 8 de octubre. Había pasado casi un ano. Los nervios empezaban a aparecer. Parecía que el esfuerzo que había hecho no serviría de nada.

Pues allá fui. El 7 de octubre. Tocaba volar de Compostela a Barcelona. Llegaba a la Ciudad Condal sobre las 00.20 y cuando me metí en cama eran casi las dos de la madrugada. En menos de tres horas tocaría levantarse para llegar a tiempo a Les Comes y salir a intentar superar mi meta a las 8.15.

Como el año anterior, llegamos, recogimos dorsales y a spartanear. Las ganas de superación estaban por todo lo alto. Arrancamos y las fuerzas estaban muy a tope. Pensando en dosificarlas para enfrentarse a los 21 km, que realmente fueron casi 25km.

Llegaban los primeros obstáculos y fui superándolos, algunos sola y otros con ayuda de mi equipo. Tengo que destacar que las cuestas eran increíblemente duras. tanto al subirlas como al bajarlas. Había obstáculos, que sabía que se me resistirían.: los dos de las cuerdas, las monkeys bars, las lanzas y especie de escalera de que ascendía hasta, lo que mí me parecía, el cielo. Mi vértigo volvió a aparecer.

Sí que me emocione al superar algunos obstáculos que el año anterior no había podido superar. El obstáculo que más me ha gustado superar fue el último, el de escalar la rampa resbaladiza por la que baja agua, únicamente ayudada de una cuerda. El año anterior no había sido capaz de superarla y este ano saque fuerzas de no sé dónde y allí me lance. Corría con todas mis fuerzas para coger impulso y así llegar lo mas rápido posible arriba para no cansarme demasiado los brazos. Cuando pensaba que ya lo había conseguido, ya había llegado a la cima, a la parte más alta, mi pie derecho decidió resbalarse y caerse para atrás. Ahí fue donde volvio a aparecer el espiritu espartano y el amor que tiene mi hermano hacia mi. Tan pronto me vio  haciendo el spagat involuntariamente se lanzó como un rayo a ayudarme. creo que en menos de 15 segundos consiguió llegar desde el obstáculo anterior a la parte alta del que estaba yo. Y así, logro darme un punto de más de agarre para superar el último obstáculo juntos. Fue el momento más emocionante de la carrera.

Las lágrimas querían aparecer en mis ojos, no por el dolor, que también existió en muchos momentos de la carrera, sino por el hecho haber superado la Beast. Todo porque existe un espíritu, el espíritu espartano. Y como no podía ser de otra manera esta vez tocaba entrar en meta, pero entramos bailando, ya que otra de las aficiones que compartimos mi hermano y yo es el baile. Él hace lindy hop y yo, zumba. Y ahí estaba. tras mas de cinco horas de carrera, ahí nos estaba aguardando la medalla. Lo que sientes en ese momento… sólo puedes saberlo si superas una Beast.
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Los espartanos tenemos diferentes espíritu deportivo. Y ahora buscando nuevo objetivo, ¿qué me recomiendas?