EL DEPORTE EN EDADES TEMPRANAS

¿Hija qué tal el partido, ganasteis? Esta es una pregunta que seguro en la mayoría de las casas se da habitualmente durante el fin de semana cuando los hijos, nietos o sobrinos llegan a casa después de jugar; y si es así no lo estamos haciendo bien porque en edades tempranas (quizás podamos incluir hasta la adolescencia) lo que se debe buscar con el deporte es que este sea el medio para que mi hijo o mi hija se forme en valores, lo que le va a hacer ser mejor persona en el futuro. El deporte, ya sea individual o colectivo, y el entrenador como formador de los chavales debe ser el que les inculque todo esa serie de cosas para que se forjen buenas personalidades en esos críos que van a darle patadas a una pelota o a esas chicas que van a jugar al voleibol. No importa que un niño gane la liga con cinco años, ni que mi hija sea la mejor jugadora de baloncesto con diez, lo que sí importa es que mi hijo sea ese ejemplo de saber estar en cada entrenamiento, en cada partido y en la calle. Los entrenadores en edades tempranas ,sobretodo, debemos ser formadores, tenemos que transmitirles a los niños lo importante que es saber perder, el saber ganar, la puntualidad, tener respeto por los demás, saber jugar en equipo, ayudar a los demás cuando lo necesitan, jugar limpio, crear hábitos de vida saludable y un sinfín de valores y actitudes que harán a ese niño y a esa niña mejor persona en el futuro, además de conocer las habilidades técnicas y tácticas de su deporte y mejorar día a día en ello para ser mejor con el paso del tiempo.

Obviamente, no nos podemos olvidar de que a nadie le gusta perder cuando se juega un partido, pero ese no puede ser nuestro objetivo principal, si ganamos, mejor, pero hay que entender que en estas edades crear una excesiva importancia sobre el resultado puede resultar negativo para los niños, ya que pueden crear frustración, estrés o una actitud altiva que para nada le favorece.

Por todo esto, quiero recalcar por última vez lo importante que debe ser un entrenador para crear esos valores en los niños y que día a día sean mejores personas. Pasados los años de formación, tendrán muchos momentos para competir al máximo, pero ese debe ser cuando su personalidad esté formada y preparada para afrontar la dureza de la competición. Y lógicamente, la misma o mayor importancia tienen los padres en casa, deben ser ellos los primeros que le quiten importancia a si perdió o ganó su hijo ese fin de semana, en exigirle que marque dos goles o decirle que hoy no jugaron bien; hay que ser consecuente con lo que hacemos y con lo que decimos, porque los niños como buenas esponjas que son, no se olvidan de nada.


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